martes, 28 de abril de 2020

la caída del árbol o la muerte del hombre





​LA CAÍDA DEL ÁRBOL O LA MUERTE DEL HOMBRE 
Sermón de San Bernardode Claraval

Caíga  al sur o hacia el norte, el árbol queda donde ha caído. El calor y  suavidad del sur suele tener en la Sagrada Escritura buenos augurios; en  cambio, del norte vienen todas las desgracias. Y en otro lugar se nos  dice que uno veía hombres y le parecían árboles.

Cuando la muerte corta el árbol, donde  cae allí queda. Dios te juzgará donde te encuentre. Y allí quedará de  manera invariable e irrevocable. En consecuencia, mire bien el árbol  antes de caer hacia dónde se inclina, porque una vez caído no volverá a  levantarse, ni siquiera a cambiar de postura. Y para saber hacia dónde  caerá el árbol, fíjate en las ramas. No lo dudes; de la parte donde  tenga más ramas  sea más frondoso, de aquella caerá al cortarlo.  Nuestras ramas son nuestros deseos, con los cuales nos abrimos al sur si  son espirituales, o al norte si son carnales. El cuerpo, que está en el  medio, nos indica cuáles son los más desarrollados: los que le inclinan  hacia su lado.

Nuestro cuerpo se halla entre el  espíritu al que quiere servir  los deseos carnales que atacan al alma, o  el poder de las tinieblas; se parece a un jumento codiciado por un  ladrón y por su amo. Por más que amenace o aceche el ladrón, si no logra  llevarse el jumento, el pobre campesino vence al ladrón mejor armado.  Lo mismo ocurre en nuestro caso; que el enemigo se enfurezca cuanto  quiera y se ensañena placer los malos deseos. Si el alma sigue en  posesión de su cuerpo es indudable que sale victoriosa si, como dice el  Apóstol, ha logrado que el pecado no reine en nuestro cuerpo mortal.  lo  confirma en otro lugar: Igual que antes cedisteis vuestro cuerpo como  esclavo a la inmoralidad y al desorden, para el desorden total, cededlo  ahora a la honradez, para vuestra consagración.
RESUMEN
Nuestra vida es como un árbol que un día  se partirá y se inclinará, sin remedio, hacia un lado o a otro. La  dirección de las ramas adelanta ya hacia dónde caerá el árbol. Si  logramos que el pecado no anide en nuestro cuerpo mortal (el árbol)  podremos resistir todos los embites.

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